Una familia de policías se ve envuelta en un caso de corrupción. Un policía bueno y otro malo. Asuntos internos. Disparos. Así se podría resumir esta película protagonizada por Edward Norton, Colin Farrell, y John Voight.Esta cinta no tiene que ofrecerle mucho al espectador, salvo una historia que hemos visto en las pantallas varias veces, muy predecible. Norton como siempre impecable en sus papeles, y Farrell jugando al chico malo.
No hay muchas persecuciones, o supertiroteos, pero sí muchas escenas de homicidios a sangre fría y mentiras, en un ambiente neoyorkino.
Esta clase de producciones tiene una hinchada muy grande, pero no sé qué pensaran cuando vayan a ver esta película. Posiblemente si van al teatro a verla estén totalmente en contra de lo que he dicho, porque este género de cine tiene buenos seguidores.
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