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“Star Wars: Episodio VII” o el fin de la libertad





Me prometí a mí mismo que no escribiría ninguna reseña sobre esta película, y que tampoco la vería. Lo segundo lo incumplí ampliamente y lo primero lo estoy incumpliendo porque se me da la gana, así de simple.

Cuando ya ha pasado la fiebre del estreno del filme, cuando las aguas –por lo menos en Colombia, no sé si en China- están volviendo a su cauce normal, hablando cinematográficamente, he decidido muy humildemente dar mi opinión sobre esta cinta; y publico esta reseña en el blog de FBG Cine y Literatura y no en la página FBG Cine porque también se me da la gana. En este 2016 amanecí muy caprichoso.

He leído decenas de reseñas sobre “Star Wars: Episodio VII”, he visto decenas de videos de Youtube donde hablan sobre esta película; y después de esto no me queda otra opción que meter la cucharada.

“El despertar de la fuerza” es globalmente una producción muy decente, muy bien hecha; visualmente impecable. Sin embargo, tiene varios puntos no tan buenos, otros regulares y otros tremendamente espantosos.

Sí, la principal crítica que se le ha hecho a la película es el de ser un remake de “Episodio IV: Una nueva esperanza”, la cinta original de 1977. Los que piensan esto tienen toda la razón. El argumento general es muy parecido, hay personajes casi que calcados entre una y otra película, y sobre todo, el ambiente creado por J.J Abrams solo tiene un objetivo: llevarnos al pasado, a la nostalgia por las películas originales.

George Lucas el creador original de Star Wars vendió la franquicia del filme por cuatro mil millones de dólares y pucho, y fuera de eso les encimó a los de Disney la empresa Lucas Films. El señor Lucas perdió el control sobre su propia historia, sobre la película que lo hizo famoso en todo el mundo. Algunos afirman que fue una buena decisión porque él se estaba quedando sin maniobrabilidad creativa, y otros opinan que fue un error craso (yo soy de los que opinan lo segundo).

El señor Abrams –el director de “El despertar de la Fuerza”- tenía un reto muy difícil de superar, es cierto, satisfacer a los millones de fans de Star Wars, y eso sería una misión muy complicada, ¿qué hizo el señor Abrams? La fácil, se fue por el camino más corto, menos arriesgado, y era hacer una nueva película pero acudiendo a los ingredientes de las películas más exitosas de esta franquicia: las de la primera trilogía, o sea los episodios 4, 5 y 6.



La película, y vuelvo y lo repito, no es mala, no es regular, es buena, pero deja un tufillo muy maluco en los fans de esta cinta. Muchos críticos ya lo han dicho y estoy de acuerdo, el asunto es que J.J Abrams hizo esto de manera deliberada, ni siquiera de forma velada. Fue un asunto de facilismo creativo.

El diseño de los personajes malos en “Star Wars: Episodio VII” fue muy deficiente, casi que decepcionante. En primer lugar, siempre se presentó esta saga de filmes como una lucha entre los Jedi y los Sith, pero resulta que en esta película no hay Jedis, ni Siths. Kylo Ren – el malvado de la máscara metálica- no es un Sith, es un Caballero de Ren, sin embargo, ¿quiénes carajos son los Ren? ¿De dónde salieron? ¿Qué pitos tocan? ¡No! No sabemos nada de los Ren. El emperador – o aquí llamado Líder Supremo Snoke- es un muñeco hecho por computador, el cual no transmite terror, ni susto, ni nada. Fuera de eso, ¿quién es Snoke? ¿De dónde salió? ¿Es un Sith? ¿Quién es? La película no dice nada.

En su afán por imitar al Episodio IV, J.J Abrams puso a Kylo Ren con una máscara, ¿por qué? ¿Para qué necesita la máscara? ¡Si se la saca y se la pone toda la película! Cuando Darth Vader utilizaba su máscara era porque la necesitaba, el señor no podía respirar sin la máscara; en cambio Kylo Ren la utiliza no sabemos para qué; probablemente para que Disney pueda vender juguetes.

Hay personajes totalmente insubstanciales como el general Hux, la capitana Phasma, e incluso, el mismísimo Poe Dameron que supuestamente vendría a representar a los hábiles y avispados pilotos de la resistencia, sin embargo, nada. La aparición del actor Max Von Sydow al principio del filme es casi que deprimente. Nada que ver con la aparición del legendario Alec Guinness en la primera trilogía, cuando interpretó a Obi Wan Kenobi.

Otros personajes sí tienen una relevancia significativa, por ejemplo, la de Rey, interpretada por la bellísima actriz británica Daisy Ridley. Creo que muchos salimos enamorados de esta niña después de ver la película; y al parecer ella será la protagonista de la nueva trilogía, ¿se convertirá en Jedi? ¿Qué pasará? ¿De quién es hija esta chicuela tan hermosa?

La decisión de que Rey sea la nueva protagonista de esta trilogía es un punto a favor de la película, lo mismo que la creación del androide BB-8, el cual se robó el show totalmente, como ya han mencionado muchos. Colocar a una mujer como la nueva Jedi está muy bien, fuera de eso, el casting fue perfecto, Daisy Ridley es una niña simpática, atlética y no es una modelito voluptuosa o algo por el estilo; muy bien por eso.

Uno de los puntos más débiles –y volvemos a lo malo- de “El despertar de la Fuerza” es que, como ya dije, no hay Jedis, ni Siths. Hay personajes que conocen la Fuerza como Maz Kanata (un remedo de Yoda), y al final, Rey parece que fuera poseída por esta, por la Fuerza, sin tener ningún entrenamiento de Jedi (por lo menos que nosotros sepamos).




“Star Wars: Episodio VII” representa metafóricamente la pérdida de la libertad; los nuevos malos (la Primera Orden) son un nuevo imperio galáctico dictatorial; todos los esfuerzos de los antiguos rebeldes y de los Jedis por restaurar la libertad fueron esfuerzos vanos. Es muy triste que esta carencia de creatividad por parte de Abrams nos lleve a pensar que ese probablemente sea el destino de la humanidad; que metafóricamente los hombres siempre nos encontremos ante un destino inevitable: el de nuestra propia esclavitud; y que los Jedis (los que luchan por la libertad, la justicia y la democracia) estén desaparecidos.

Cuando salí del cine me pregunté: ¿Qué hubiera hecho George Lucas? Creo que muchos quedaron con esta misma incertidumbre. Una película visualmente impecable, buenas propuestas (como las de incorporar a Rey y a BB-8), acudir a los viejos personajes (Han Solo, Leia, Chewbacca y Luke Skywalker); pero, al final, nos quedan muchas preguntas, muchos sinsabores.

El personaje de Finn, el que interpreta John Boyega, es una incógnita absoluta. ¿Será que habrá amor con Rey? ¿Será un nuevo Han Solo? ¿Qué lugar ocupa este personaje en la nueva trilogía? Hasta ahora no me cuadra por ningún lado. Creo que fue una incorporación extraña; y ojalá que no tenga nada que ver el color de su piel para haberlo puesto allí. En las dos trilogías anteriores George Lucas fue criticado por esto; en Star Wars no había afro-descendientes. Es por esto que en el Episodio V aparece Lando Calrissian, y en la trilogía anterior está el jedi Mace Windu, interpretado por Samuel L. Jackson.

En fin, en 2017 se estrenará Episodio VIII, que ojalá despeje muchas incógnitas; y que ojalá los Jedis no queden tan mal como han quedado en “El despertar de la fuerza”. También quiero que aparezcan los Sith para que les den duro, por ser tan malos. También me gustaría que los Jedis representen metafóricamente esa esperanza de la lucha por la libertad que está totalmente ausente en Episodio VII.

Que la Fuerza acompañe a Disney para que por lo menos le hagan algunas consulticas a George Lucas, y que Star Wars no se pierda como otra película más de transacción de franquicias creativas, o como otra película de secuelas del montón. El problema no es la taquilla sino el tufillo que deja en los fans, en los seguidores, en los que amamos esa ópera galáctica.

Mi calificación para esta película es de 4.1 sobre 5.0.


¿Puede la literatura encontrar la verdad?

El objetivo supuesto de la filosofía es encontrar la verdad. Durante siglos, los denominados filósofos han acudido a innumerables procedimientos para conseguirla. Pero, ¿la literatura puede servir a ese propósito? La literatura es un arte, es una creación, es una expresión del espíritu humano, sin embargo, su utilización como procedimiento filosófico es –por decir lo menos- extraño.

Los escritores que se autodenominan como “problemáticos” buscan darle un objetivo irreal a la literatura. De hecho, lo que menos debe buscar la literatura es la verdad. En primer lugar porque, ¿qué es la verdad? ¿No es ella una creación intelectual de los hombres? ¿Una utopía, una vana creencia? ¿Una quimera? Los hombres nunca conocerán la verdad, porque ella es irreconocible. Los hombres somos finitos, la verdad es infinita. Allí está el problema. A lo sumo podemos vivir la verdad, pero no conocerla.

De esta forma, utilizar la literatura para conocer la verdad es estúpido. Es una pérdida de tiempo. Sin embargo, esos escritores “problemáticos” tratan de convertir el oficio artístico en un pretendido oficio filosófico. ¿Por qué? Tal vez por complejo de inferioridad; creen que su ocupación es un trabajo menor, por eso tratan de darse importancia. Cuando escribo ficción, y ejerzo el arte literario, no pretendo con ello buscar o encontrar la verdad, sólo pretendo hacer arte.

Así es el arte, sólo arte, no es más ni menos. La creación artística tiene diferentes motivaciones, no sólo una; algunos escritores ejercen el oficio para divertirse, otros lo hacen como una catarsis, otros buscan la fama; y sí, es verdad, algunos quieren conseguir la verdad. Pero, tachar de banales o de superficiales a quienes no quieren darle una connotación filosófica al arte, me parece arrogante.

La literatura lúdica es tan válida como la literatura filosófica (si es que así podemos llamarla). Desde que existe el hombre, éste hace arte. Lo prueban los dibujos del arte rupestre. Con el paso del tiempo, la civilización se ha hecho compleja. Y con la complejidad de la civilización han llegado las ideas complejas. La entelequia creada por el pensamiento ha enredado al hombre, lo ha hecho un ser angustiado y desesperanzado. Los filósofos le dan vueltas y vueltas a un problema sin tener en cuenta que desde el principio su búsqueda de la verdad está llamada al fracaso.

La verdad no se puede conocer –lo repito- sólo se puede experimentar. Y eso es lo que hacemos todos los días: experimentar la vida, experimentar la verdad. No sabemos cómo llegó el sol a iluminar nuestro planeta, pero el hecho es que está ahí, y eso nos reconforta. La vida está ahí para ser experimentada, no para ser conocida.

La literatura de los escritores problemáticos: la literatura filosófica, está llamada por eso al fracaso. Podemos abandonarnos en razonamientos, disquisiciones, paradojas, silogismos, todos ellos filosófico-literarios, sin embargo, y lo digo de una vez: fracasarán en sus objetivos.

Eso es lo interesante, lo llamativo, lo atrayente de la literatura: que no es un mecanismo. No es un utensilio para lograr otras cosas. Porque es un arte, y el arte sólo sirve para actuar, para crear, para inventar, para hacer. El arte es un acto, es una acción que no tiene fines, aunque algunos se lo quieran dar. El arte es absurdo, es ilógico, y hasta irracional. Hablar de arte lógico es ilógico, porque no hay nada más irracional que el arte.

Sí, hay escritores que quieren darle relevancia científica o académica a la literatura. Eso es estúpido. La literatura no se puede estudiar como si fuera el mono de un zoológico, sólo se puede disfrutar. Es como si yo elaborara una teoría formal sobre el sabor de la pasta italiana. ¿Cómo puedo describir un sabor? ¿Cómo puedo transmitir una sensación gustativa a través de las palabras? No lo puedo hacer, y si lo hiciera estaría haciendo el ridículo.

Es verdad, hay corrientes literarias, como el romanticismo, el neoclasicismo, o el realismo mágico. Sin embargo, todas esas escuelas o corrientes no son más que clasificaciones caprichosas. Cuando García Márquez escribió “Cien años de soledad” no se dijo a sí mismo –o eso creo yo-: “Voy a escribir una novela que se clasifique como de realismo mágico”.

Cualquier intento escolástico de encajonar el arte es superficial, e incompleto. Cuando el artista le da a su arte un toque deliberado, o una finalidad deliberada, para ser encasillado o etiquetado, me parece que ese artista no hace arte. Ese artista hace proselitismo, o academia, pero nunca arte.

Los escritores-filósofos pueden –y están en todo su derecho- filosofar. Pueden tratar de encontrar la verdad. Yo creo que eso es utópico. Cuando escribo, gozo con la acción de escribir. Cuando el lector lee mis cuentos y mis novelas, goza con su lectura –eso espero-; pero ni ellos, ni yo queremos encontrar la verdad.    

¿Es necesario leer el Quijote y los clásicos griegos para ser un buen escritor?: Respuesta a Carlos Fuentes


Durante los eventos del Hay Festival que se desarrollaron en Cartagena de Indias del 26 de enero al 29 de enero de 2012, el escritor mexicano Carlos Fuentes expresó su opinión sobre las novelas imprescindibles que debe leer todo escritor. Fuentes, al ser interrogado sobre este aspecto por Santiago Gamboa, dictaminó que el Quijote de Cervantes Saavedra es la novela fundamental por antonomasia. En otra entrevista, concedida por el mismo autor, expresó su punto de vista sobre la necesidad de leer los clásicos griegos; Fuentes - palabras más, palabras menos-, afirmó: "Ellos ya lo dijeron todo, la literatura posterior a ellos no es más que un perfeccionamiento o mejora de lo que ya expusieron los griegos". 

Con todo respeto me permito expresar mi desacuerdo con la opinión de Fuentes. Si bien es cierto "Don Quijote de la Mancha" de Miguel de Cervantes Saavedra es la novela más significativa de la lengua castellana, no creo que sea imprescindible su lectura para convertirse en escritor, y mucho menos para convertirse en un buen escritor. El Quijote fue escrito durante los inicios del siglo XVII, con un español que podríamos catalogar como antiguo, aunque puede ser leído hoy en día sin mucha dificultad. La novela sigue un ritmo admirable, su redacción es impecable, y su temática es un tanto crítica de la situación por la que pasaba Europa en esos años; es una sátira de la novela de caballería. Cualquier persona que lea el Quijote, sin lugar a dudas queda impregnado de un ánimo entusiasta frente a la lengua castellana, y lo deja admirado con respecto a la utilización del idioma por parte de Cervantes. Sin embargo, la literatura ha evolucionado mucho desde esos años; el mundo ha cambiado para bien o para mal de una manera vertiginosa, y lo que significó el Quijote en el siglo XVII ya no tiene mayor relevancia en el siglo XXI. El hombre ha evolucionado notablemente en sí mismo y con respecto a su entorno, la literatura grandielocuente de los anteriores siglos se ha perdido no por moda sino por necesidad, las estructuras creativas ya no son las mismas, y los lectores también han evolucionado.  

"Don Quijote de la Mancha" es la mejor novela que se ha escrito en el idioma castellano, pero, hoy en día no creo que sea imprescindible su lectura para cautivar escritores o como manual para encumbrarse en el Olimpo de los buenos narradores. Si usted lee el Quijote lo felicito, si usted lee los clásicos griegos lo felicito, pero yo creo que la literatura del siglo XXI va hacia otros lugares, porque los lectores y los escritores tenemos otras necesidades. No quiero pasar por analfabeta o por ignorante soslayando la importancia de leer los clásicos, de leer buena literatura antigua como la de Cervantes, o la de Goethe, o la de Shakespeare; sin embargo, creo que la creatividad literaria no necesita de columnas inmóviles para desarrollarse. Los problemas humanos han evolucionado, el mundo se ha movido en direcciones insospechadas desde hace varios siglos, y lo que un día fue válido o hoy ya no tiene importancia. Los lectores y los escritores nóveles, no necesitan ni del Quijote ni de los clásicos griegos para sambullirse en la apasionante aventura de la literatura; los escritores y los lectores sólo necesitan aprender a pensar meditando sobre su propia realidad para elevarse en el universo mágico de la imaginación. Si algún día a estos nuevos escritores o lectores les da por leer a Cervantes, o a Sófocles, o a Shakespeare, pues bienvenidos sean, pero, no creo que su iniciación literaria tenga que pasar necesariamente por ellos.

Fuentes afirmaba en esa entrevista que los problemas humanos siguen siendo los mismos, desde la época de los griegos, y de cierta forma tiene razón; la muerte, la vida, el amor, Dios, la naturaleza, las emociones, siguen atomentando el alma humana, pero también hay que recordarle a Fuentes que los humanos nos enfrentamos a retos hoy en día muy diferentes de los que preocuparon a los antiguos. Hoy en día existen armas que pueden destruir todo el planeta en cuestión de horas, la tecnología ha llegado a niveles insospechados, los descubrimientos de la ciencia le han brindado al hombre una visión diferente del entorno y del universo, y muchos paradigmas filosóficos contemporáneamente sólo sirven para ser estudiados en cursos de historia del pensamiento.

Ojalá todos leamos el Quijote, o leamos a Sófocles, o a Shakespeare; pero si no ocurre esto no hay por qué preocuparse, la literatura es creación y no repetición, la literatura es libertad, la literatura es magia, la literatura es un arte eterno y una evolución eterna, no hay por qué preocuparse si a usted no le gusta Cervantes pero se apasiona con Harry Potter o con Crepúsculo; si a usted le gusta leer novelas de aventuras pero se aburre leyendo a Shakespeare no se desespere, si usted escribe cuentos de vaqueros a su manera y con su propia lengua no se amargue la vida. Lo importante es saber que la literatura se hizo para el hombre y no el hombre para la literatura (parafraseando a Gaitán con respecto a la economía).

En defensa de Jean-Marie Gustave Le Clézio: Premio Nobel de Literatura

No he leído a este escritor, tal vez algún día lo haga. Pero, salgo en defensa de él no tanto por sus libros, sino por haber ganado el Nobel. Ustedes dirán que soy muy sapo, o muy lambón, pero es que por humanidad lo hago.
Este señor LeClézio el único mal supuesto que le ha hecho a la humanidad es ganarse el Nobel, como si hubiera sido un pecado, o algo así.
Varios críticos literarios, no sé si para dárselas de cultos han salido a despotricar de este escritor francés. Algunos han dicho que sus obras son muy aburridas, o simplemente que hay escritores que se merecían ganar este reconocimiento más que él.
Yo no sé pero hasta donde alcanzan mis conocimientos el Premio Nobel es un galardón otorgado por una Academia (la sueca), y cada año premian a una serie de personas en diferentes disciplinas incluida la Literatura.
Como todo premio de origen privado, o como todo premio, lo pueden otorgar a quienes se les dé la gana de entregárselos. No existe un reglamento por puntos, o por votación mundial, simplemente los señores del Comité Nobel se reunen y le dan el galardón a quienes ellos piensan que se lo merecen.
El prestigio del Nobel radica en su ánimo constructivo, en su antigüedad, y en ciertas personas importantes que también se lo han ganado, fuera de que es un premio a nivel mundial. A pesar de todo eso, el Nobel es sólo eso, un premio, y no hay que armar tanta alaraca por la persona que se lo haya ganado.
Es cierto que muchos escritores muy famosos han estado en la lista de candidatos por muchos años, como es el caso de Mario Vargas Llosa, de Carlos Fuentes, o de Phillip Roth. Sin embargo, yo creo que esos señores con o sin Nobel ya son grandes iconos de la Literatura.
Celebremos que existe el Nobel, que haya un premio para personas que trabajan en asuntos constructivos, y que por lo menos no dedican la plata del premio para actividades sórdidas o deleznables.
El Nobel es un premio discrecional, no hay Consejo electoral para ver si hay umbral o cociente para distribuir las curules, no, simplemente unos señores se reunen y en su criterio le dan el galardón a una persona, pensando en que ha hecho una contribución a la disciplina en la que trabaja.
Felicitaciones a LeClézio, a los señores del Nobel, y que sigan entregando premios.


YO DIGO: SÍ AL CINE COLOMBIANO

En una columna de opinión de la página web de la revista Soho, el periodista Mauricio Vargas, supuestamente en tono humorístico, decía que no le gustaba el cine colombiano, y que no debería hacerse más cine nacional. Añadía el ilustre comunicador, que hay cosas que afortunadamente no se hacen en Colombia, como tener energía nuclear, o un equipo de hockey en el hielo, o megautopistas, y que él incluiría al séptimo arte dentro de estas obras que sería inútil hacer en nuestro país.
No soy defensor de oficio de los cineastas colombianos, porque no lo necesitan, el arte no debe necesitar de abogados, pero en este caso sí quiero decir que difiero completamente de Vargas.
Decir que en Colombia no se puede hacer cine, porque muchas películas han sido muy malas, es como decir que no hay que intentar nada porque al principio todo tiene defectos. Thomas Alba Edison antes de inventar la bombilla eléctrica, hizo miles de intentos que le salieron mal, si hubiera pensado igual que Mauricio Vargas, posiblemente hoy en día estaríamos iluminándonos con velas y utilizando lámparas de gasolina.
Es cierto, muchas películas nacionales, incluso de los últimos años, han sido muy malas, pero eso no significa que todo el cine colombiano sea malo, más aún, varias producciones nacionales me han parecido estupendas.
El radicalismo no es buen consejero cuando de opinar se trata, y aquí me parece que Mauricio peca de radical. Ojalá en Colombia se pudieran hacer más películas, para generar más empleo, para demostrar que sí se pueden hacer cosas en grande en nuestro país, que "el desarrollo está en la mente" como dice algún filósofo por ahí.
Creo que debe hacerse más cine en Colombia, para promover la cultura, para que la gente en vez de estar matándose en las calles filme películas así sea con un celular, para que nuestro país sea conocido como una nación de artistas y no de hampones, en fin, para que los artistas sueñen, y desarrollen quimeras.
Quiero ir más allá, deseo que Colombia se convierta en una potencia cineasta, que el séptimo arte colombiano esté dentro de los mejores de Latinoamérica, que nuestras películas se exhiban en grandes festivales como los de Cannes, Venecia, o Berlín, que ganemos una Oscar a mejor película extranjera, en fin, que el cine nacional sea tan admirado como el extranjero, y no lo digo por simple nacionalismo ciego, pero sí me gustaría ver un séptimo arte colombiano en masa, como lo hacen en la India.
A principios de la década de los sesenta, en el siglo pasado, John Kennedy lanzó un reto a su nación, poner un hombre en la Luna, antes de finalizar esa misma década, y lo lograron, tal vez si Mauricio hubiera sido consejero de ese presidente lo hubiera desanimado, y le habría dicho:" hombre, yo pienso que es mejor dejar eso de lado, es mejor bajar presupuestos, ahorrar, quedarnos en la casa comiendo pancakes, no, eso es una locura, no hagamos nada", pero afortunadamente para la carrera espacial Mauricio Vargas nació en Colombia, y no fue consejero de Kennedy, por eso Estados Unidos puso a dos hombres en la Luna en 1969, una quimera, un sueño, que hoy hacen de ese país, la primera potencia espacial del mundo.
También quiero ver megautopistas en Colombia, que cuando vaya a Chía a ver a mi novia no haya trancones, que Colombia tenga tecnología autóctona también lo quiero ver, que tenga equipos de hockey en el hielo, que participe en una olimpiada de invierno, y que tenga un magnífico cine, el mejor, a los cineastas colombianos les digo como afirman los chinos:" el camino más largo empieza dando el primer paso", el derecho al chamboneo como decía mi profesor Monroy Cabra, es necesario para triunfar hacia futuro.
Mauricio, espero que tú también recibas esta columna con humor.

NO SOY CRÍTICO DE CINE, SOY UN SIMPLE AFICIONADO AL SÉPTIMO ARTE

Un lector en uno de sus comentarios me dijo que debía sentir el cine para llegar a ser un gran crítico (palabras más, palabras menos), todo porque dije que la última película de Batman me pareció muy violenta, buena pero violenta. Posiblemente si hubiera hecho la misma crítica, que dicen todos al unísono, tal vez sí me considerarían un buen crítico de cine.
En Colombia estamos fregados por la intolerancia, lo que nos ha llevado a la violencia excesiva, y creo que de manera respetuosa podemos hacer críticas sin herir a la otra persona física o moralmente.
A ese lector, que me dijo que si sentía el cine podía llegar a ser algún día un gran crítico, le digo que no me interesa ser siquiera crítico de cine, porque para serlo hay que tener muchos estudios y títulos en la materia y yo no los tengo (para su información soy abogado), simplemente soy un aficionado a este arte, y en este blog doy mis puntos de vista sobre temas de cine y de literatura de manera muy humilde, sin tratar de pasar por experto.
Quiero decir que la mayoría de personas que hacen sus comentarios en este blog frecuentemente son muy respetuosas, no necesitan suplantar sus identidades (tratando de pasar por otras), y les agradezco por sus aportes. No me molestan las discusiones, o que no compartan mis puntos de vista sobre las películas, porque para eso están los blogs, pero sí me llama la atención que algunas personas agredan a otras en su aspecto personal cuando no les agrada una opinión.
El fanatismo no lleva a nada bueno, nos pueden gustar muchas cosas, la música, la pintura, el arte, o los comics, pero cuando la afición se vuelve enfermiza nos hace ciegos moralmente, y nos lleva a cometer equivocaciones.
Respeto las opiniones sobre la última película de Batman de otros críticos, pero no puedo mentir sobre mis percepciones, porque necesito ser sincero con las personas que leen este blog, y digo que la película es buena pero que me pareció violenta. Entonces salen dos lectores a decirme que según no sé qué páginas de internet aparece este filme como el más favorito incluso por encima de El padrino, y otro me dice que si siento el cine podré ser un gran crítico de cine, lo que se traduce en:" Si hablas bien de la última película de Batman eres un buen crítico, si no eres una basura".
Qué falta de tolerancia hay en el mundo, qué fanatismo tan salvaje nos rodea, respeto a los que hablan bien de la última película de Batman y no por eso me parecen malos críticos, sin embargo, quiero decir nuevamente que NO soy crítico de cine, no lo pretendo ser y no lo quiero ser, soy un simple aficionado, pero sí necesito ser sincero conmigo mismo y no decir algo que no siento, porque allí estaría faltando el respeto a los que se toman el trabajo de leer este blog.

Pd: Siento mucho que Ricardo Silva Romero cierre su blog en semana.com, porque él sí es un gran crítico de cine, no como yo.