Gran Torino es un automóvil. Un objeto muy preciado para un ex combatiente de la guerra de Corea, a quien se le acaba de morir la esposa. Él está enojado con la vida, con sus hijos, con su barrio, con su pasado, con el mundo. Sin embargo, un grupo de vecinos asiáticos le cambian la vida a este hombre de manera radical.
Clint Eastwood es el protagonista de esta historia. Él representa el papel de un clásico norteamericano, veterano de una guerra, jubilado de una fábrica de carros, y muy nacionalista.
La película no tiene grandes efectos especiales, mejor dicho no los tiene, no creo que la producción haya costado uno de esos dinerales que se gastan en Hollywood, pero la historia logra conmover y afectar el ánimo del espectador.
A Eastwood siempre lo hemos visto en papeles de hombre rudo, y aquí no es la excepción, pero la diferencia es que ese hombre rudo de pronto muestra su corazoncito cuando un grupo de vecinos asiáticos atenúan su soledad.
En “El karate kid”, película de 1.984, protagonizada por Ralph Macchio y Pat Morita, un japonés debe enseñarle a un chico norteamericano los secretos del arte marcial; aquí, en “Gran Torino”, un norteamericano le enseña a un joven oriental los secretos de la vida en Estados Unidos. La primera película es muy juvenil, la segunda, la de Eastwood, no lo es tanto.
Un excelente film, muy sencillo, y bastante sentimental. La película logra atrapar al espectador sin mucha exhibición de poderío visual.
Clint Eastwood es el protagonista de esta historia. Él representa el papel de un clásico norteamericano, veterano de una guerra, jubilado de una fábrica de carros, y muy nacionalista.
La película no tiene grandes efectos especiales, mejor dicho no los tiene, no creo que la producción haya costado uno de esos dinerales que se gastan en Hollywood, pero la historia logra conmover y afectar el ánimo del espectador.
A Eastwood siempre lo hemos visto en papeles de hombre rudo, y aquí no es la excepción, pero la diferencia es que ese hombre rudo de pronto muestra su corazoncito cuando un grupo de vecinos asiáticos atenúan su soledad.
En “El karate kid”, película de 1.984, protagonizada por Ralph Macchio y Pat Morita, un japonés debe enseñarle a un chico norteamericano los secretos del arte marcial; aquí, en “Gran Torino”, un norteamericano le enseña a un joven oriental los secretos de la vida en Estados Unidos. La primera película es muy juvenil, la segunda, la de Eastwood, no lo es tanto.
Un excelente film, muy sencillo, y bastante sentimental. La película logra atrapar al espectador sin mucha exhibición de poderío visual.
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